martes, 30 de junio de 2009

Kamikaze

Te pasas cinco minutos subiendo escaleras. Nadie entiende el por qué. Y arriba del todo lo comprendes. A 60 metros del mundo, solo hay hormigas bajo tus pies. Hormigas que te miran pensando lo loca que estás. Oyes un silbido. Puedes sentarte. Y sólo y únicamente cuando estás a segundos de caer, comprendes su nombre. Kamikaze. Estás sentado sobre algo que no sabes dónde terminará. Es una caída hacia el infinito, no ves si podrás continuar, si te gustará, o si sufrirás. Es una caída kamikaze. Solo sabes que de una manera u otra vas a acabar en el suelo. Ya no hay vuelta atrás. Solo tienes que impulsarte. “Piensas demasiado” me dicen. Pero sólo y únicamente a 60 metros del suelo, comprendes por qué estás ahí, comprendes la propia vida. Comprendes que la vida es así. Una caída al vacío, con los ojos cerrados y ni una noción de lo que pasará. Sólo sabes el final. Y una vez en el comienzo, no puedes volver atrás. No sería lógico. Entonces te impulsas hacia el vacío.En un primer momento chillas. Estás en el aire, debido al impulso, o quizá a que no pesas lo suficiente para adherirte al suelo. Sabes que cualquier fallo podría dejarte en la tierra. Pero lo único en lo que piensas es en que te sientes vivo. Sientes el agua, la velocidad, el frío, el calor. Lo sientes todo. Te sientes más vivo que nunca. Pero se termina. Te levantas, y miras alrededor. Miras a todo aquel que se para y mira hacia arriba. No apartan la mirada de las alturas. Ellos no lo entienden y tú sí.


La vida se resume en dar el impulso. Por mucho que te duelan las costillas, por mucho que no entiendas algunas cosas. ¿Qué es lo peor que te puede pasar? ¿Caerte, y volverte a levantar?